[Nfbespanol-talk] De Que Color Es el Sol, Tercera Parte 

Frida Aizenman aizenman at earthlink.net
Tue May 20 14:38:14 CDT 2008


¿De Que Color Es el Sol?

 

Traducido por Angela Ugarte

 

TERCERA PARTE

 

De Que Color Es el Sol

 

Editor, Kenneth Jernigan

 

 

SOY UNA MADRE CIEGA LUCHANDO POR MANTENER A MIS HIJOS LEJOS DE LA CORRUPCIÓN

 

por Ramona Walhof

 

Ramona Walhof es la Presidenta de la Federación Nacional de Ciegos de Idaho. Ella dá su tiempo a la Federación por la lucha que tuvo que tener para que sus hijos no fueran destruídos. Soy ciega, y tengo dos hijos con visión. Cuando empezaron en la escuela, fué necesario que trabajara duro para protejerlos contra la corrupción. No estoy hablando de las drogas, del lenguaje vulgar, del crimen, o de cualquiera de las cosas con que todas las familias tienen que lidiar y salir adelante. Mis hijos se enfrentaron con una clase de corrupción muy especial aunque esta fué involuntaria. Nunca se nos ocurrió ni a mi esposo ni a mí que la ceguera pudiera ser considerada un motivo para no tener hijos. Ambos éramos ciegos. Considerábamos la ceguera una molestia, pero no nos impedía el vivir nuestras vidas activas y productivas. Los dos teníamos títulos universitarios y Buenos trabajos.

 

Mi esposo era consejero de rehabilitación de la Comisión para Ciegos de Idaho. Yo estaba enseñando en el programa Ventaja Inicial. Mi clase consistía de 15 niños de cuatro años que venían de familias de pocos recursos económicos. El problema verdadero de la ceguera era que las personas con visión muy amenudo nos trataban como si no tuviéramos abilidad, inteligencia, o destresa.

 

Después que nos casamos, trabajamos duro para ahorrar suficiente dinero para la prima de una casa. Encontramos una que podíamos comprar y que estaba en la ruta de los buses en North Boise. Era una casa vieja y cómoda, y la compramos.

 

Cuando nos enteramos que yo estaba embarasada, estábamos encantados. Los dos pares de futuros abuelos también estaban emocionados. Descubrimos que cuando los padres son abuelos, es cuando pueden relajarse y disfrutar de los niños. No se espera que ellos dén la diciplina. No se les debe aber imaginado a ninguno de ellos que la ceguera podría ser considerada una razón para no tener hijos. Pero nos conocían muy bién, y habían aprendido algunas cosas acerca de la ceguera al igual que nosotros.

 

Compramos una cuna y nos prestaron una canasta. Compré pañales, camisetas, frasadas para bebé, y cosas por el estílo. Saqué la máquina de cocer para hacerme ropa de maternidad. Pues todavía teníamos que llevar el presupuesto con cuidado. Esa sesión de Ventaja Inicial terminó en mayo al finalizar el año escolar, y todavía teníamos que esperar un mes más para el nacimiento del bebé. Fué el mes más largo de mi vida.

 

Mi esposo y yo siempre hacíamos planes de asistir a las convenciones de la Federación Nacional de Ciegos al rededor del fin de semana del cuatro de Julio, pero ese año nos quedamos en casa. Nuestros amigos se fueron a acampar, a pezcar, a esquiar en el agua, etc., y nosotros nos quedamos leyendo en la casa. Finalmente, el nueve de Julio, Laura Kathyrn decidió entrar en el grande, y ancho mundo, y una vez que empezó no desperdició ningún tiempo. Llegamos al hospital a 9:35 pm., y Laura nació a 10:13 am. Mi esposo no se quejó de no tener el barón que deseaba. Estaba realmente orgulloso. Yo estaba bien, y aquello se convirtió casi en una competencia para ver quien de los dos de nosotros podía conseguir primero a nuestros amigos para darles la noticia de que al fín había nacido la niña.

 

El hospital donde Laura nació tenía la práctica de que las nuevas madres ayudaran con el baño del bebé por lo menos una vez antes de llevárselo a la casa. Yo habbía cambiado pañales y dado el biverón muchas veces, pero tenía muy poca experiencia con un bebé que pesaba siete libras, así es que estaba muy anciosa por recibir alguna sugerencia. Tuve suerte que la enfermera envuelta en esto no se perturbó con mi ceguera. Simplemente me indicó que hacer, y yo lo hice. Desde entonces muy rara vez he conocido a alguien tan práctica como ella, y por su puesto se lo agradecí. La vista, como yo lo savía, no era necesaria. Los bebés son frágiles y delicados, pero quieren y necesitan que se les toque. Después que Laura y yo llegamos a la casa del hospital, mi madre vino de Nebraska a quedarse con nosotros por una semana. Fué una verdadera ayuda. Me hizo el trabajo de la casa y casi toda la preparación de los alimentos dejándome a mí el cuidado de la niña. Me dió algunas sugerencias de su propia experiencia que me sirvieron de mucho. Al final de la semana yo ya me sentía con mi energía de Nuevo, y la abuela se pudo ir de regreso a Nebraska. Laura era una niña bonita, saludable y alerta. Oviamente no era ciega. Respondió al color y al movimiento a los pocos días de nacimiento. Tuvimos unas pocas noches de desvelo por su llanto debido a dolor de estómago. Pero en la mayor parte del tiempo, todo continuó con tranquilidad. Cuando Laura tenía tres meses, empecé a sentirme inquieta. Aún con la compañía de la niña, no estaba acostumbrada a estar en la casa todo el día.

 

Algunas veces mi esposo tenía que salir de la ciudad por varios días así que empecé a buscar otras cosas que hacer.

 

Ventaja Inicial estaba empezando un Nuevo programa en noviembre, y entonces apliqué para una posición de enseñanza. Cuando me dieron el trabajo, empezamos a buscar niñera. Y por suerte encontramos una Buena Al rededor de la navidad. Laura estaba gateando y tratando de pararse ella sola. Tengo una fotografía de ella en navidad gateando y entrando en la lavadora de platos. Para entonces también se había convertido en una coqueta. Daba chillidos a su papá y jugaba con el abuelo de esconderse y aparecer subitamente. Savíamos que si íbamos a usar un cochecito o una sillita de ruedas para niño sería necesario jalarlo atrás de nosotros, tomando el bastón blanco con la otra mano hacia el frente para seguridad. Encontramos un cochecillo que se convertía en sillita. Con esto conseguimos lo que necesitábamos, y lo usamos mucho. Hasta se doblaba, así es que lo podíamos llevar en los buses de la ciudad. Con un poco de práctica nos volvimos diestros en llevar a Laura en una sillita para bebé balanceada en ambos antebrazos y una mano. Podíamos colgar la bolsa de los pañales en uno de los codos, dejando la otra mano libre para usar el bastón blanco.

 

Ya que Laura se quedaba con la niñera durante el día mientras yo trabajaba, me la llevaba con migo tanto como podía. Parecía que a ella le gustaba la gente; y lo que más me agradaba era como la gente la admiraba en todos lados.

 

Para el día de la madre Laura estaba caminando. Mi suegro nos llevó a todos a comer afuera, y Laura iba toda bien vestida de Amarillo y blanco, papaleándose torpemente y con una sonrisa para todos. Mí primer día de la madre fué muy especial. Para mi esposo y para mí, fué un día que siempre recordaría como nuestro día. En Julio de ese año mi esposo y yo pudimos ir a la convención de la Federación Nacional de Ciegos, la cual fué en Houston, Texas. Laura celebró su primer cumpleaños en la casa de sus Abuelos en Nebraska. Cuando regresamos allí de la convención, estaba encantada de ver a su papá, pero la madre fué ignorada. Sin embargo, para la hora que llegó la torta de cumpleaños, me dió besos y abrazos a mí también,.

 

Para el otoño estábamos esperando otro hijo. Mi esposo todavía quería un barón, y yo pensé que dos niños con poca edad de por medio se harían compañía el uno al otro. Así fué y así es. También pelearon. Yo había estado manejando una cafetería durante el verano, pero dejé de trabajar en septiembre para hacer algún trabajo en la casa antes del nacimiento del Nuevo bebé. Entre otras cosas enpapelé el cuarto de los niños con motivos infantiles. A Laura le encantó. Señalaba feliz a los diferentes animales y figuras. Gradualmente aprendió a decir sus nombres. Cuando teníamos invitados ella los llevaba del dedo al cuarto de arriba para enseñarles el papél tan bonito con las figuras.

 

Ella había estado comiendo ya con cuchara desde que tenía 13 meses. Yo no la dejé que cogiera la comida del plato con las manos por lo que, no era tan sucia para comer como algunos de los otros niños que están empezando a aprender a comer.

 

Nuestro niñito nació el veinte de diciembre, y se llamó Christopher John. Chris era saludable, alerta, cariñoso, y siempre con hambre. Una noche antes de llevar a Chris a la casa, una de las enfermeras me estaba mirando dándole de comer he hizo un comentario, " Usted lo cuida tan bien." Yo comprendí que lo que quería decir era que siendo yo ciega esto la sorprendía, pero solo le sonreí y le pregunté si trabajaba en la guardería. Ella trabajaba allí y añadió, "Tuvimos aquí hace algún tiempo a una señora ciega que no podía hacer que su bebé mamara muy bien." Entonces supe que tenía que aber algo más que la falta usual de conocimientos acerca de la ceguera. Me figuré que la ceguera no tenía nada que ver con que la madre pudiera hacer que el bebé mamara bien o no. Tengo varias amigas con visión que al principio tuvieron problemas. "Es interesante," le dije. " Yo he conocido varias señoras que tuvieron problemas al comienzo, pero ninguna de ellas era ciega." Por su puesto la enfermera no quedó convencida. Me dió suficiente información como para saber que yo conocía a la señora que ella había mencionado. Su bebé tenía en ese tiempo como seis meses, y todavía  le estaba dando de mamar, y estaba bien. El problema debe aber sido bien pequeño, porque mi amiga nunca me volvió a platicar.

 

Tomé nota del hecho de que la gente atribuye todos los problemas que una persona ciega tiene a la ceguera. Lo cual no me pareció justo. Si mis hijos alguna vez se hicieran daño (y todos los niños lo hacen), ¿me culparía la gente a mí? Me sentí forzada a hacer la conclución de que muchos lo harían. Chris y yo nos fuimos del hospital el día antes de Navidad. Por suerte todas las compras habían sido hechas, y la mayor parte de los regalos estaban ya envueltos. Mi suegra nos había invitado para la cena de Navidad, y yo estaba contenta de descansar. Esa Navidad Laura fué el centro de atracción y ella lo disfrutó. Quería compartir todo con su hermanito ya fuera que él quisiera o no. Y en cierto modo ella pensó que él era otro de sus regalos de Navidad, aunque habíamos estado esperando su llegada desde hace mucho antes.

 

Podía poner a Chris en la sillita de bebé, y esta en la sillita de ruedas a la par de Laura, y en esta forma podíamos dar paseos cortos. No huvo mucha nieve ese año en Boise; así es que amenudo cuando salíamos, Laura podía caminar. La podía dejar caminar solo si no estábamos de prisa, porque ella hacía varios desvíos de la acera principal, y yo tenía que parar y esperar por ella o traerla de regreso. Mi esposo estaba contento de tener un baroncito, pero su hija era su orgullo y alegría. Al poco tiempo de aber traído a Chris a la casa del hospital, mi esposo empezó a tener problemas con su salud. Consultamos a un especialista que nos dijo que su condición volvería a ser estable con un medicamento, pero no fué así.

 

Y él estába tan contento de que los dos niños fueran saludables, pero no tenía tiempo de pensar en regresar a trabajar. Mi esposo estuvo entrando y saliendo del hospital por los siguientes dos meses, y en abril murió. Fué un invierno y una primavera muy duros. Laura insistía en tener alguna explicación, y yo hice lo mejor que pude para ayudarla a comprender.

Su papá había venido a casa del hospital muchas veces; y no importaba como se estaba sintiendo, siempre tenía una sonrisa y un abrazo para Laura. Ella no podía creer que ya no lo iba a volver a ver. Ya era lo suficientemente difícil para mí tener que aceptar todo lo que había pasado. ¿Como podía explicarle a una niña de 21 meses y ayudarla a aceptarlo? pero tenía que seguir adelante. Tenía dos bebés dependiendo de mí, y si podía hacerlo no los iba a defraudar.

 

Antes de casarme había trabajado como maestra para la Comisión de Iowa. Mi jefe había sido el Doctor Kenneth Jernigan, quien también era Presidente de la Federación Nacional de Ciegos, la organización a la que nosotros pertenecíamos y que estaba cambiando tantas cosas para los ciegos en los años de 1960 y 1970.

Recurrí al Doctor Jernigan, esperando poder conseguir de Nuevo trabajo en la Comisión para Ciegos de Iowa. Los trabajos que había tenido en Boise no pagaban lo suficiente como para sostener una familia ahora que solo había un sueldo. El Doctor Jernigan me dijo que en Junio habría una vacante en la Comisión. Y yo pensé que para entonces ya podía estar lista. Puse la casa de Boise en venta y la vendí, nos trasladamos a un apartamento en Des Moines, Iowa. Una prima mía que estába en la secundaria se vino a estar con nosotros durante el verano hasta que pude encontrar una niñera permanente. Estaba lista para empezar a trabajar en la segunda semana de Junio.

 

El Nuevo trabajo era exijente y gratificador. Nos establecimos y empezamos de Nuevo. En octubre había encontrado casa y pagué la prima. Tenía tres dormitorios y un patio posterior agradable. El día que nos trasladamos a nuestra nueva casa, Christopher empezó a caminar. Había sido lento en darse vuelta, en sentarse, en gatear, pero no en caminar. Nuestra nueva casa tenía pisos de madera. En el que sus pequeños zapatos encontraron Buena tracción, y además tenía una casa completa para explorar. No se sentó en todo el día, más que para una siesta. Al final del día estaba corriendo. Yo había planeado dejarlo en el corral mientras desempacaba.

 

Pero ese plan fué uno de esos que la nueva generación rechaza. Disfrutó tanto el caminar, tenía tanto espacio en la casa donde investigar, que no tuve valor de encerrarlo en el corral. Tal como se puede esperar, el carácter de Chris fué completamente diferente del de Laura. Él podía ser y todavía lo es muy exijente. Laura conseguía atención, la mayor parte del tiempo, por medio de sonrisas y coqueterías. Chris savía hacer eso, pero también hacía uso de caprichos de vez en cuando. Laura quería estar donde yo estuviera tanto como fuera possible. Chris, aún cuando era pequeñito, no le importaba jugar él solo durante una hora.

 

Cuando el tiempo era agradable en la primavera, Chris tenía curiosidad de investigar el vecindario. Yo podía contar con que Laura se quedaría en el patio, ¡pero no Christopher!

Cuando él salió ese año, la Madre fué con él. Un día se subió a la parte superior del rejado de hierro en nuestro porche de enfrente. Y él no se podía bajar, y yo no lo pude alcansar. No dije nada, y me fuí dentro de la casa a traer una silla para subirme en ella y bajarlo. Él no tenía miedo, pero yo estuve contenta de tenerlo de Nuevo en el suelo.

 

Supe que durante ese verano Chris estuvo muy ocupado para hablar. Solo ocacionalmente le Salió una palabra. De repente, en el medio octubre exactamente, como aprendió a caminar empezó a conversar. Y entonces hablaba todo el tiempo. También empezaron las preguntas. Laura había estado haciendo algunas preguntas, pero Christopher quería saber todo: "¿Porqué, mamá? ¿Cuando? ¿Como?" Por esta época a los dos niños les gustaba ya los libros. Mi niñera les leía durante el día, y yo les leía a la hora de irse a la cama. La Comisión para Ciegos de Iowa me prestaba libros para niños pequeños.

 

Los libros tenían el texto y las ilustraciones en Braille e impreso. Estos se llamaban los libros de Visión Gemelo y son producidos por la Fraternidad Americana para Ciegos. Yo leo con mis dedos; otros leen con sus ojos. Mis hijos crecieron encontrando esto muy natural y sin ningún interés especial.

 

Cuando Laura tenía cuatro años, empezó a preguntar, "¿Cuando puedo ir a la escuela, Mamá?" No habían niños de su edad en el vecindario, pero jugaba con los niños de nuestros amigos. Savía el alfabeto, y los números los había sabido desde la edad de dos años. Laura era una niña tranquila  y aveces mucha gente la abrumaba, pero si el kindergarten le dió miedo, nunca me lo dijo. Hizo muchos amigos; y para ella, eso fué lo mejor de empezar la escuela.

 

Desde pequeñitos los dos niños habían aceptado bien mi ceguera y como una cosa normal. yo llevaba el bastón blanco y lo usaba para las gradas, para las orillas de las aceras, y para otros obstáculos cuando íbamos lejos de la casa. Viajábamos por bus y por taxi más que otras personas, porque yo no manejaba. Yo leía con mis dedos, mientras que otros lo hacían con sus ojos, y eso era todo lo que pasaba al respecto. Si los niños tenían un juguete que necesitaba componerse o una pregunta que necesitaba contestación, Yo era la primera persona a la que ellos le pedían hacerlo. Algúnas veces yo no podía o no lo hac'ía, pero la mayor parte del tiempo podía y decía.

 

Cuando Laura empezó la escuela, empezó a oír algunas cosas diferentes acerca de la ceguera. Solo puedo imaginarme lo que pasó. Alguien debía aberle dicho, "Apuesto que eres una gran ayuda para tu mamá, ¿No es cierto?"

 

Al principio ella debe haberse reído aprovándolo con orgullo. Después empezó a comprender que ellos le estaban diciendo que algo en su mamá era diferente. Alguien debe aberla señalado con el dedo en el campo de juego y debe aber dicho en forma de susurro, "La mamá de esa niñita  es ciega." Pronto me dí cuenta del cambio en su actitud en relación a la ceguera. Un día que Laura me estaba ayudando a encontrar una bobina de hilo rojo en la gaveta de la máquina, me dijo, "Mamá, yo quisiera que tú pudieras ver."

 

"Bueno, yo también, si me pongo a pensar en ello," le contesté. "¿Pero porqué lo dices?" "Bueno ," no podía encontrar las palabras para explicar lo que quería decir. "Bueno, entonces no tendría que ayudarte tanto." Empecé entonces a comprender lo que le estaba pasando. Me quedé pensando por un minuto; y luego la puse en mi regazo. "Tengo unas etiquetas de  Braille para el hilo y las latas de fruta, y vegetales en la cocina," le dije. "Podemos ponérselas, y entonces ya no me tendrás que ayudar más en esas cosas." Chris y Laura habían considerado un verdadero privilegio el escojer la fruta o vegetales para la comida, así es que no le gustó mucho la idea. Laura se quedó algo confundida.

 

" Yo solo quisiera que tú pudieras ver como las otras personas," dijo ella. Nunca antes la había molestado esto, por lo que me pareció que algo, o alguien en la escuela, tenía que aberla hecho pensar en que la ceguera era un problema. Le dí un abrazo y le dije que no se preocupara por eso. "Tú sabes mejor que nadie," que la ceguera no es el gran problema que se cree que es". Le dije, pero comprendí, sin embargo, que tenía que ocuparme en el lugar a que la gente de la escuela aprendiera algunas cosas sobre la ceguera.

 

La PTA, Asociación de Padres y Maestros, programó una reunión social de helados en octubre. Yo hice unos biscochos de chocolate para esa ocación, y fuimos. Cuando llegamos a la puerta, nadie sabía que hacer. Una mujer trató de jalarnos hacia una fila llevándonos alrevés. Otra estaba tan preocupada pensando que como íbamos a cojer nuestros helados y la torta que nos costó que nos vendieran los tiquetes. Otras nos ignoraron completamente cuando tratamos de preguntar por direcciones. Yo me sentía como un fantasma o alguien afuera del espacio. Nadie fué capaz de conversar con migo como un ser humano normal. Pero sí nos dieron nuestro helado y torta. Nos sentamos, los comímos, y nos fuimos. Savía que tenía que hacer algo más que eso, de lo contrario las actitudes de mis hijos acerca de la ceguera íban a ser totalmente arruinadas.

 

Al final del primer trimestre, los padres van a la escuela para conferenciar con los profesores. La maestra de Laura me dijo que a mi hija le estaba yendo bien. No tenía problemas en la escuela. La profesora estaba un poco incómoda en relación a la ceguera, entonces le pregunté que si le gustaría que yo llegara algún día a hablarle a la clase acerca del Braille y la ceguera. La idea le agradó a la profesora, y también quiso que Laura trajera un libro de Braille para que lo pudiera mostrar en la clase. Yo pensé, que esto le ayudaría a Laura, a entender que la gente es curiosa cuando sabe poco o nada de la ceguera. Y esto la ayudó. Para el tiempo en que en realidad fuí a hablar en la escuela, el proyecto se había ampliado, y era para hablarle a toda la escuela, dos grados a la vez. A los estudiantes les encantó y tenían cantidades de preguntas, cosas que sus maestros habrían tenido vergüenza de preguntar. "¿Porqué sus ojos se menean rápidamente?" "¿ Tiene libros escolares en Braille?" "¿Como se va al trabajo?" Me imagino que las profesoras estaban escuchando, así que les contesté a los niños lo que quería que ellos y sus maestros supieran.

 

Les dije, por ejemplo, que el hecho de que yo y otros seamos ciegos no es un gran problema, y los problemas que se nos presentan son el resultado de que tanta gente que puede ver cree que los ciegos no pueden hacer planas cosas que en realidad podemos hacer. Como sucede amenudo todo esto tuvo sentido para los niños, también ayudó a los maestros, quienes fueron sinceros al agradecer la presentación que había sido de ayuda para los niños. Desde esa vez he ido muchas veces a la escuela.

 

Tengo una mejor relación con las maestras, los padres, y muchos de los niños. Gran parte de ellos piensan de mí como la señora ciega, pero no se preocupan por ello.

 

Hemos tenido en nuestra casa fiestas de cumpleaños así como búsqueda de huevos para el Domingo de Resurección. He ayudado en el Club del Pájaro Azul de Laura, y también tuvimos una de las reuniones del club en nuestra casa. Especialmente, cuando el tiempo es agradable. Los niños entran y salen de la casa constantemente.

 

Ahora Chris está en  kindergarten, y Laura en Segundo grado. Y algunas cosas son muy diferentes. Después de las primeras semanas de escuela, Chris vino a la casa y me dijo, "Mi maestra dice que si quiero puedo traer mañana un libro de Braille a mi clase." Esta es la misma maestra que le enseñó a Laura en Kindergarten. A Chris por su puesto le gustó mucho que le pidieran hacer eso.

 

Por alguna razón también, todo el vecindario parece más amistoso. Siempre he tratado de enseñarles a mis hijos a respetar a sus maestros y niñeras. Ahora debo enseñarles que por lo menos, con respecto a la ceguera, ellos tienen más conocimiento y experiencia que muchos adultos que conocerán. Es arriesgado decirles a los niños una cosa así en relación a cualquier asunto a tan temprana edad. Pero con todo y esto es muy importante para mí, y para ellos que lo que creen de la ceguera permanezca tal cual es. Laura me ayuda a mí con las compras de la comida, tanto como con la limpieza de su cuarto. Chris ayuda con el perro, al igual que escoje los calsetines en la ropa lavada. La ceguera es una característica. No se puede olvidar o ignorar, pero es solo una característica. Las madres hacen que sus niños no traigan la suciedad adentro de la casa (si se puede). Ellas preparan las comidas. A las madres no les gusta que los niños peleen. Ellas tienen dinero algunas veces para que los hijos puedan ayudar a gastarlo. Algunas veces también ellas imponen reglas que a los niños no les gusta. Otras veces las madres pueden ayudar a los niños a sentirse mejor cuando tienen problemas. Las madres ciegas son como las otras madres. Mis hijos lo saben, y sus amigos lo saben.

 

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Un Libro KERNEL publicado por La FEDERACIÓN NACIONAL DE CIEGOS

 

Copyright ©1991 por La Federación Nacional de Ciegos 

 

ISBN 0-9624122-2-8

Todos los Derechos Reservados.

Impreso en los Estados Unidos de Norte América

 
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